Eugène Atget

Eugène Atget es uno de los fotógrafos más influyentes de todos los tiempos aunque sin pretenderlo y sin saberlo, su obra, principalmente topográfica y documental, se centró en torno al ‘viejo París’ de finales del siglo XIX y principios del XX, registrando todos los lugares que estaban a punto de desaparecer por la remodelación urbanística de los barrios más antiguos. Su forma de registrar las calles, la arquitectura y los escaparates, su composición y la sensación de lugar de sus fotografías fueron la mayor de las influencias de otros genios de la fotografía que vendrían después, como Walker Evans o Berenice Abbott.

Atget nació el 12 de febrero de 1857 en Libourne, cerca de Burdeos (Francia). Su padre era carrocero. Cuando se tenía 2 años, se mudaron a Burdeos, donde su padre encontró trabajo como viajante de comercio. Y cuando tenía 5 años falleció su padre. Poco después falleció su madre, por lo que sus abuelos maternos se hicieron cargo de él. Sus abuelos le brindaron una buena educación secundaria y al acabar sus estudios, se enroló en la Marina, gracias a lo cual viajó a África y Sudamérica. Con 21 años se fue a vivir a París, donde quería ganarse la vida como actor.

A los 33 años regresó a París y decidió dedicarse profesionalmente a la fotografía. Bueno a los «documentos», como decía él, en su puerta colgó un cartel que decía «Documentos para artistas». Dos años después, a los 35 publicó en una revista un anuncio en el que decía que sus especialidades eran «los paisajes, los animales, las flores y los monumentos». Decía que realizaba «documentos» y «primeros planos para artistas» además de reproducciones de cuadros. «Me desplazo», informaba en el anuncio. De esa época es su trabajo ‘Paisajes. Documentos’. En 1897, cuando llegó a la cuarentena, empezó a fotografiar sistemáticamente el motivo que ocuparía el resto de su vida: París.

A los 40 años, con una aparatosa cámara de gran formato (18x24cm) y un objetivo angular, lo que daba una perspectiva exagerada y una gran profundidad de campo, empezó a fotografiar sistemáticamente los barrios de París y comenzó su serie ‘Pequeños oficios’ (Petits Métiers), que 6 años después fue editada y le dio pie a vender copias de sus trabajos a las bibliotecas y museos de París.

Es posible que su principal legado sea la influencia que Atget ejerció sobre otros fotógrafos que le imitaron y superaron, aunque su obra tiene un brillo propio que se adelantó y mucho a la fotografía de su época y a lo que se podía esperar de la fotografía de su época. Sus fotografías dan una sensación de lugar perfecta, gracias al uso de angulares, Atget podía incluir elementos cercanos o una buena perspectiva del suelo, lo que dotaba a sus fotografías de una perspectiva casi presencial para aquel que las veía. Aunque él siempre catalogó sus obras como ‘documentos’ exentos de arte, sus fotografías cuidaban la composición, las rectitud de las líneas arquitectónicas y una luz que enfatizara la textura de aquello que estaba documentando. En ese año 1897, con 40 años, comenzó sus series ‘Arte en el viejo Paris’ y ‘Paris Pintoresco’.

En 1899, con 42 años, se mudó al barrio de Montparnasse, donde montó su laboratorio y archivo. En esa casa viviría ya de manera fija hasta su muerte. Dos años después, entre sus 44 y 45 años, se dedicó a fotografiar las fachadas, los balcones, y las casas de Paris. En 1903, con 46 años, fotografiaba patios, escaleras e iglesias, tanto por fuera como por dentro. Pero no dejó de lado su pasión por el teatro. Aunque no actuaba, entre 1904 y 1913, hasta sus 56 años, compaginaba su trabajo de fotógrafo con las conferencias sobre teatro que impartía por las universidades. En esa época fotografió escaleras, chimeneas y palacetes de los siglos XVII y XVII. Y también fotografió el viejo París por encargo de la Biblioteca Histórica de la Villa de París.

En 1925 la fotógrafa americana Berenice Abbott, que entonces tenía 27 años, descubrió sus fotos.Empezó a visitarle periódicamente en su estudio y le compró alguna fotografías. Se hicieron muy amigos y fue ella quien ha dado a conocer su obra al mundo. Sólo un año después de conocer a Abbott, que se involucró mucho con su trabajo y le admiraba, su mujer falleció y él dejó de hacer fotos. En 1926 Man Ray decidió reproducir cuatro de sus fotografías en la revista La Révolution Surrealiste, pero él no quiso aparecer en los créditos porque consideraba que eran «simplemente documentos que hago”: una de sus frases más conocidas y que lo catalogan como un genio tímido.

En 1927, con 70 años, un año después de fallecer su mujer, la fotógrafa Berenice Abbott le llevó a su estudio y le hizo su último retrato. Tras unos meses de sequía fotográfica, fruto de la muerte de su mujer, con 70 años, volvió a coger su cámara, pero ese mismo verano contrajo una enfermedad y murió el 4 de agosto de 1927.

 

Tras su muerte, habiendo fallecido ya su hijastro y su mujer y no teniendo hijos, su mejor amigo se encargó de su herencia y vendió 2.000 de sus negativos negativos a la Comisión de Monumentos históricos de París. Un año después de su muerte, la fotógrafa Berenice Abbott, con la ayuda financiera de Julien Levy, le compró el resto de su obra: 1.300 negativos y unas 5.000 impresiones. Su obra es principalmente conocida gracias a Berenice Abbot, que durante los últimos años de vida de Atget frecuentó su estudio y dedicó gran parte de su vida en intentar que se reconociera su genio. La adquisición de Abott de la obra de Atget un año después de su muerte fue lo que permitió que sus fotografías terminaran en el MOMA cuarenta años después.

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